lunes, 3 de junio de 2019

¿REALMENTE SOMOS LIBRES?


Si bien todas las cosas del mundo (y aquí incluyo plantas y animales), de una forma u otra se mueven o cambian, podemos asegurar que en rigor, el ser humano es el único que actúa. La diferencia es clara: mientras el movimiento de cualquier ser (objeto, planta o animal) es un movimiento que obedece a unas causas, la acción no está causada, sino motivada.

En el mundo moderno entendemos que la naturaleza está regida por unas leyes, como la ley de la gravedad, que hacen que los cuerpos caigan de manera inevitable. Este es el significado estricto que le debemos dar a la palabra “ley” y a la palabra “necesidad”. Desde el inicio de la filosofía, todos los pensadores asociaron lo que ocurre en la naturaleza con una necesidad.

También hablamos de leyes en el mundo humano, pero no es difícil comprobar que su significado es muy diferente, ya que no están dotadas de esta necesidad. Las leyes humanas pueden ser y son incumplidas a menudo, aunque acarreen las peores consecuencias, como el asesinato, que puede comportar la pena de muerte en algunos lugares, lo que no impide que siga habiendo personas que asesinan a otras.

Por este motivo, porque lo que los humanos decidimos no es nunca el resultado de una necesidad, hablamos de acción (libre). Esta acción humana se rige por unos objetivos y por unos motivos, pero no por causas. Un motivo es aquello que nos mueve a hacer algo, que nos empuja; es una fuerza que se opone a otras, pero nunca nos determina ni siquiera cuando hablamos de “obligación”. Un capricho, la fuerza de la costumbre o la firmeza de unos principios son ejemplos de diferentes tipos de motivos. Sin embargo, ninguno de ellos tiene el poder de obligarnos de la manera que lo hace la fuerza de la gravedad. También puede ocurrir que tropecemos y caigamos al suelo por efecto de la citada ley física, y por eso, precisamente en este caso, no hablaremos de acción humana, sino de algo que nos pasa (como una enfermedad o un accidente).

Ahora bien, hay un tipo de acción que los filósofos siempre han considerado de especial relevancia, a saber, todo lo que tiene que ver con el pensamiento, la reflexión, la comprensión y la mera contemplación. Para remarcar esta diferencia, Aristóteles es el primer filósofo que establece una distinción entre la Vida Activa y la Vida Contemplativa, que son, algo así como dos maneras diferentes de vivir, dos estilos de vida. Se puede vivir, simplemente “actuando” o se puede vivir, además, reflexionando sobre ese “actuar” y sobre todo lo que nos rodea en el mundo. Obviamente, lo que es de todo punto imposible, es vivir sin actuar. La Vida Contemplativa no es una negación de la acción, sino una especie de acción de segundo grado que hace posible relativizar la mera acción, ponerla a prueba y situarla en el todo del mundo y de nuestra vida. A Sócrates se le atribuye la máxima de que “una vida no examinada no merece la pena de ser vivida”.

Ciertamente no se puede vivir sólo contemplando (es más bien una cuestión de grados), pero aquél que nunca reflexiona sobre lo que hace es presa fácil de sectas, ideologías, mitos y todo aquello que la sociedad del caso da por “evidente” o por “supuesto”. Hoy en día diríamos: de la “corrección política”.

Es un hecho que la Vida Contemplativa no es posible para todo el mundo, no para aquella mayoría de humanos que deben trabajar de manera alienante para simplemente sobrevivir, pero también hay otros que pueden y no lo hacen, por lo que es innegable que su realización también implica una determinada actitud ante la vida.

La Vida Activa se divide a su vez en tres especies diferentes, de las que hablaremos en próximos artículos (trabajo, producción y acción -moral o política- propiamente  dicha). Por el momento sólo era mi intención poner de manifiesto que existe la posibilidad de una Vida (más o menos) Contemplativa y que, por muy desprestigiada que esté hoy en día, no sólo ha sido tradicionalmente la más altamente valorada por todos los filósofos (la que tenía más “likes”), sino que es la que en su desarrollo ha llevado al ser humano al lugar en que nos encontramos ahora. Por eso es mi intención deshacer el nudo gordiano de la acción empezando por esta distinción.


No hay comentarios:

Publicar un comentario