
En el contexto aristotélico se puede plantear una discusión (o debate) con fundamento, sobre el aborto. Efectivamente, desde el punto de vista aritotélico-tomista (que hoy en día defiendenden determinados sectores de la Iglesia cristiana, como el Opus Dei) todo lo que es, lo es ya en potencia. Si dejamos, en circunstancias normales, una semilla de olivo en un campo, crecerá un olivo (pero no un perro o un hombre). En este sentido, la semilla es ya, en potencia, lo que resultará de ella (en acto). A esto hay que sumar el punto de vista generalmente religioso según el cual la vida no es creación humana, y, por lo tanto, el hombre no tiene legitimidad para decidir sobre ella.