Hablar de libertad e intentarlo hacer con un mínimo de rigor supone entrar en
un terreno muy resbaladizo y lleno de trampas. Todos podemos ser presa de
ellas. Por ello ha sido un tema de reflexión constante en la filosofía política.
Esto quiere decir que hay muchos, antes que nosotros, que hicieron grandes
esfuerzos intelectuales para despejar este terreno. En nuestra mano está
escucharlos para impedir la banalización actual de esta idea, víctima del
discurso político profesional y sus urgencias.
La libertad
política, a diferencia de la moral, no consiste en tomar decisiones en una
situación dada, sino más bien en dotar de una cierta “elasticidad” a la
realidad humana, de manera que aumenten al máximo las posibilidades para que
cada cual pueda hacer todo lo que quiera –en la medida de lo posible- sin tener
que pagar un precio por ello.
