
LA MUERTE DE DIOS Y SUS CONSECUENCIAS POLÍTICAS
Dios ha muerto, y con él, toda autoridad. Ahora sólo nos queda la fuerza. Sólo el análisis de la frase anterior nos llevaría una vida. Pero esto es lo que vemos, adónde se dirige el mundo. Las noticias, cada vez más son agresiones a médicos, a árbitros, a profesores, a padres, a ancianos y a niños. Coches que atropellan y huyen, etc. En América compran armas, conscientes de que la única ley imperante es la ley del más fuerte (Bowling for Columbine). El sistema sociopolítico intenta educar dando palos de ciego y propiciando la irresponsabilidad como muestra de manera transparente(La Naranja Mecánica).
Si ha muerto la autoridad, ¿para qué perder más tiempo hablando de moral?
Lo único que nos obliga es la fuerza exterior, la compulsión física. La moral, como sistema de normas socialmente aceptado, ha muerto. Ya nadie se lo cree. Y todos sabemos que los más crueles asesinos y violadores no irán al infierno. Ahí quedarán los crímenes. Ser criminal o no: la diferencia sólo estará en este mundo (el único que hay): de aquí el eterno retorno.
Lo que estamos haciendo hasta el momento es aferrarnos como podemos a la autoridad o a la libertad (según nos convenga), pero sin ser coherentes. El gran culpable es Kant, que apuesta por la moralidad interior, los “principios”, o el liberalismo, que apuestan por una pluralidad de discursos. Pero si la libertad de pensamiento se convierte en el principio absoluto de la moral, el único límite es la fuerza, la necesidad, lo insalvable.
Y lo único que podemos oponer es que no nos gusta el mundo tal como es. Sólo motivos estéticos. Peor para nosotros. Nada podemos contra la fuerza imparable de la Historia. Hubo un tiempo en que sí valía la autoridad. Sería interesante saber por qué dejo de valer.
H. Arendt vio claro que la confusión de la fuerza con la autoridad ha sido el error más grave de la derecha política contemporánea. No ha resuelto nada, sino que ha empeorado las cosas. Esto también está ocurriendo desde hace tiempo en el sistema educativo.
Un estudio aparte merece el marco cada vez más estrecho de lo políticamente correcto en nuestra sociedad contemporánea. En concreto, sería interesante un estudio sobre el discurso que ha ido segregando distintos tipos de violencia en relación con los “motivos” para distinguir entre violencias “mejores” y “peores”, siendo la violencia inmotivada, curiosamente, la menos mala.
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